Se el cambio que quieres ver en el mundo

Hace varios meses, a mediados de septiembre, empecé un proyecto personal que tendría que haberse culminado en mi cumpleaños (en Octubre), pero que se extendió y finalmente di por terminado hace un par de días.

Ha sido una experiencia preciosa aunque emocionalmente muy agotadora. Se trataba de escribir a ciertas personas a las que por alguna razón me apetecía decirle que me alegraba de que estuviera en mi vida y las cosas buenas que veo en ellas. Las razones las explicaba en la introducción del email, que copio a continuación:

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”

(Eduardo Galeano)

¡¡Hola!!

Lo primero, no te asustes, no me he dado un golpe en la cabeza ni voy a ingresar en un convento incomunicado. Es probable que te resulte un poco extraño, pero espero que lo entiendas según lo explico y que te guste la idea. Si te he enviado este email es porque he pensado que así va a ser. También es posible que te parezca una ñoñería. Un poco también lo es. Desde hace un par de años estoy en un proceso de evolución personal bastante profundo que, aunque en algunos momentos ha resultado duro, me está llevando a reflexiones y a ideas que me han sorprendido incluso a mi misma de forma muy poderosa y muy positiva Entre ellas el convencimiento de que podemos evolucionar hacia donde queremos y que una buena parte de cómo es el mundo depende de lo que hagamos con él y cómo nos comportemos incluso en las interacciones más cotidianas. En general tendemos a fijarnos más en las cosas negativas que en las positivas y nos afectan más. Eso hace que este mundo sea mucho más triste y desagradable. Y por mi parte he de reconocer que me cuesta mucho abrirme (soy una desaboría, lo se) y decirle a la gente lo que me gusta de ella incluso cuando hay muchas cosas que me encantan.

Por eso he decidido darme una autoterapia de choque y, aunque me muero de vergüenza, estoy escribiendo a ciertas personas contándoles todo esto y diciéndoles las cosas que me gustan de ellas. Supongo que muchas veces es incluso evidente, pero creo que es mucho más bonito y beneficioso expresarlo. Y quizá esa persona no tenía ni idea, muchas veces sorprende la impresión que alguien tiene de ti. No he tenido ningún criterio específico. Algunas son amigas y otras quizá no las conozco tanto pero por alguna razón me apetecía incluirlas. Obviamente no tienes que contestar si no te apetece aunque por supuesto que me encantaría que lo hicieras.

En tu caso me apetecía escribirte por que.. ”

Las conclusiones y las sensaciones las dejo para en el próximo post 😉

Lo único seguro es el cambio

Pensando en el bloqueo creativo que expresaba la semana pasada, me parece tan ridículo. Quiero decir que podría tener un bloqueo porque un día no me salga escribir o no se me esté dando bien. Pero temas para escribir…temas, de eso no me falta. Con la vida tan interesante que he tenido estos últimos años y la experiencias vitales llamativas, que sea precisamente yo la que diga que no se qué contar tiene delito. Por ejemplo, no hace ni dos meses que volví de Mauritania y mi vida ya no se parece en nada. Y eso que tampoco he hecho nada especialmente destacable. Bueno, sí y no.

Sin embargo  hoy querría empezar a entrar en otro tema. En estos momentos me encuentro sumergida en una montaña rusa emocional.  La verdad es que desde hace unos 4 años estoy en un proceso de crisis personal y de profundos cambios, originados por varias y muy diversas razones, que ha sido muy jodida en algunos momentos pero muy interesante en general.

Es curiosa la sucesión de etapas que he vivido. Podríamos decir que tuve un año de alta intensidad muy, muy, muy, muy devastador. Mucho. Tras él otro  año de aceptación y superación, y un par de años de reposo, de asentamiento, de ajustes casi inconscientes. Esta última un poco demasiado larga, puesto que me notaba que tenía ganas de seguir adelante  pero  las circunstancias no me permitían desperezarme hacia donde quería.  Y justo hacia el donde quería está llegando ahora. Tras tanta calma de ajustes internos, imperceptibles, invisibles,  tras la tormenta, ahora es cuando realmente todo este tiempo está dando sus frutos. Estoy en condiciones de analizarme sabiendo hacia donde quiero ir, qué quiero desarrollar, cómo quiero abordar las cosas. O al menos no agobiándome por no saberlo mientras las cosas se definen. Y cada vez están más claras.  Aún no he llegado a donde quiero, quizá – seguro- aún me faltan herramientas, pero el camino ha comenzado y lo estoy disfrutando como una enana, ahora sí. En algún momento quizá  desgrane el proceso, pero ahora querría hablar de algo mucho más reciente.

Uno de los grandes empujones lo he recibido este fin de semana. No tengo suficientes palabras para describirlo. Aún lo estoy asimilando, reflexionándolo y sintiéndolo. Ha sido duro, pero ha hecho  que tenga revelaciones sobre mi misma y que tenga una conexión muy especial con gente que apenas conozco. A la que tengo tanto que agradecer por su generosidad que casi se me saltan las lágrimas. Ha sido mágico y seguro que va a seguir siéndolo.

Y es que nos maltratamos tanto, nos exigimos tanto, nos protegemos tanto. Y tenemos tanto por dentro, bueno y malo. Yo siempre digo que soy una desaboría. Me cuesta muchísimo expresarme y abrirme. Pero soy muy consciente de ello y me lo estoy trabajando. Incluso podríamos decir que hago terapias de choque de vez en cuando. Terapias que dan resultado. Pasito a pasito pero en el buen camino.

De aquí al viernes, fecha de mi próximo post, voy a terminar un proyecto que empecé hace varios meses sobre sentimientos, comunicación, superación de trabas. Ahora sí tengo ganas de cerrarlo. Y quiero contarlo y compartir mis conclusiones sobre algo tan especial. Y agradecérselo a quienes han participado. Y a quienes siempre han estado ahí.

¡De nuevo estoy inspirada!

Inspiración

Ay, me perdí un día. Tenía como deberes publicar el miércoles y aquí estoy, a viernes intentando arreglar la falta. Bueno, también hoy formaba parte de mi planning. ¿Con un solo post pagaría mi deuda o tendría que hacer dos para ponerme al día?

Cuestiones existenciales.  Como la de… y hoy ¿qué pongo? Ya se que me repito, pero de verdad que no es sencillo. Cada día veo un montón de temas sobre lo que podría escribir, reflexionar, divagar. Pero después es ponerme delante de la pantalla y …..blanco. Como el post del otro día. Un hermoso y puro vacío mental que ya me gustaría conseguir cuando medito. Supongo que hace mucho que no doy rienda suelta a mi vena creativa, aparte de unos cuantos emails sobre mis  experiencias africanas que, todo hay que decirlo, gustaron bastante a mi público. Es posible que alguno lo recupere y lo y cuelgue en algún sitio.

Vamos a ver si logro que mis conexiones neuronales se pongan en marcha. Decía Picasso que la inspiración existe pero ha de pillarte trabajando.  Ay, Picasso. Quizá me pilla trabajando y ese es precisamente el problema. Que la inspiración no la necesito para el trabajo, o al menos no ese tipo de inspiración, sino otra, que, ahora que lo pienso, tampoco me llega muy a menudo.

¿Será que mis musas y yo estamos descoordinadas? ¿La del trabajo llega en el momento de la escritura y la de la escritura en el del trabajo? Y así es que no hay manera.

Puede que tengamos diferencia horaria porque ¿Cómo se rige el tiempo en el mundo museril?

Cuestiones existenciales otra vez. Pues si vamos a volver al principio para seguir diciendo nada lo dejo. Definitivamente parece que no tampoco es el día.

Pero al menos tengo los deberes hechos. Algo es algo

La hoja virgen

He estado revisándome a mi misma. Y aviso de que estoy reflexiva e incluso pelín cursi hoy. Tenía muchas ganas de volver a tener un blog pero, cuando iba a ponerme a escribir, pensé: muy bien, pero ¿qué cuento?Página-En-Blanco-1

Y es que sí, escribir es muy bonito pero no veáis cómo cuesta. El vértigo de la página en blanco, de la entrada en blanco, del blog en blanco. Vale, sí, en este caso el blog en verde, pero ya me entendéis. El blog virgen, si preferís una palabra con más fuerza.

Así que lo mejor que se me ocurrió es releer mi antiguo blog. Volver a la Garbanza.

Es una experiencia curiosa, casi como revisar un diario. Te acuerdas de cosas que no recordabas o que estaban de diferente manera en tu memoria. Y, sobre todo, es extraño mirarte con siete (¡7!) años menos. ¡Ay, la juventud!

Es una mezcla de sensaciones. Leer entradas  que tenía en buena consideración y ahora me parecen mediocres, otras que no comprendo cómo me atreví a publicar, reírme con lo mismo de entonces o no entender cómo algo me hacía gracia.

Pero, sobre todo, ver cómo he cambiado en algunas cosas y cómo en otras sigo igual. Cómo mi visión del mundo puede haberse modificado y tener aún tantas cosas de entonces.

He cambiado tanto, pero sigo siendo la misma. Qué típico, qué tópico,  pero qué real.

Si es que, en el fondo, sigo siendo la niña que fui. Crecer para quedarse igual. Y me parece una idea tan bonita, que va a ser mi objetivo en la vida. Cambiar para seguir siendo  la misma.

Y tú, blog virgen, hoja virgen, me vas a ayudar con tus espacios en blanco. Espacios para llenar de pasado, presente y futuro.

Bref, de vie. Et la vie est jolie.

Escribir…

Escribir o no escribir. He aqui el dilema.

Escribir mueve montañas,  derroca gobiernos, subleva pueblos.

Escribir crea risas, lágrimas, gritos, sollozos, suspiros, gemidos.

Escribir es conocerse un poco más, es reflexionar, es asentar y desarrollar ideas.

Pero escribir es imprevisible, es arriesgarse, es desnudarse, es mostrarse sin filtros.

Escribir es poderoso, es terapéutico, es liberador.

Escribir es la vida. Volver a escribir el desafío.

Empezamos.